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¿Es sostenible la producción familiar? Sin recursos para un estudio local, la Facultad de Agronomía de la UBA y el INIA de Uruguay analizaron la huella ambiental en planteos de ese país
Bichos de Campo
- 16-12-2025 -
Nota publicada por: Bichos de Campo el 16-12-2025
Nota de origen:
Manos que cuidan la tierra, agro que cuida el futuro
Enviada por: FAUBA , el 15-12-2025
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A pesar de que la producción familiar es una de las principales fuentes de alimentos frescos –aporta cerca del 80% en términos de valor/ poco tiempo se le ha dedicado al análisis de su impacto ambiental. Eso fue lo que motivó la realización de un estudio académico entre la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) y el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) de Uruguay, cuyo objetivo fue el determinar la huella ambiental de esos planteos.
La colaboración, que surgió a partir de la falta de información, recursos y políticas sectoriales para realizarlo en Argentina, permitió relevar fincas familiares de todo Uruguay y compararlas con aquellas no familiares. El trabajo tomó como base la información provista por sistemas satelitales, en el 70% de la superficie agropecuaria de ese país.
El 98% de los establecimientos agrícolas del planeta son fincas familiares. Cubren entre el 53% y el 75% de las tierras agrícolas. En Sudamérica, por ejemplo, los predios familiares representan el 82% de los establecimientos y solo cubren el 18% de la tierra agrícola. En el caso puntual de Uruguay son el 36% y apenas cubren el 7%”, explicó Hernán Dieguez, docente de Métodos Cuantitativos y Sistemas de Información en la FAUBA.
“En el 96,8% de las comparaciones, el desempeño ambiental de las unidades familiares fue superior al de las no/familiares. Las familiares mantienen más superficie de hábitats naturales —bosques y pastizales—, son más biodiversas, conservan mejor los suelos y ofrecen más servicios ecosistémicos”, destacó Dieguez, que agregó que este resultado se observó a través de las distintas regiones y sistemas de producción.
“Observamos es que los predios familiares son más resilientes: ante el avance de la agricultura, en ellos resultó menos afectada la provisión de servicios ecosistémicos que en los no/familiares”, indicó el docente. Todos los resultados fueron publicados en la revista científica Agricultural Systems.
Una de las primeras conclusiones a raíz de este análisis fue que el fuerte arraigo a la tierra, así como su transferencia de generación en generación, son claves para un mejor desempeño ambiental.
“Las fincas familiares fomentan paisajes multifuncionales que proveen bienes muy variados, y eso trae beneficios ambientales, sociales y económicos. O sea: producen alimentos y productos básicos, y también contribuyen a brindar otros servicios ecosistémicos —como control de erosión o inundaciones, o formación de suelo—, aun más que las fincas no/familiares”, subrayó Dieguez.
Esto no supone, claro, que los planteos extensivos no sean sostenibles. El docente consideró que muchos productores hacen las cosas bien. Aún así, la clave sería visitar estas explotaciones y analizar sus manejos y usos de los recursos disponibles.
A raíz de este estudio, Dieguez lamentó no poder replicaron en Argentina. “Algunas regiones argentinas son similares a las uruguayas en aspectos físicos, biológicos, productivos y sociales. Podríamos replicar el estudio si contáramos con información acerca del tipo de productor que trabaja cada parcela. Pero esos datos, si es que existen, no son públicos”, dijo.
“Se desarticularon casi todas las políticas públicas de apoyo a la producción agropecuaria familiar. Por ejemplo, el Instituto Nacional de la Agricultura Familiar, Campesina e Indígena, el programa ProHuerta o la Dirección Nacional de Agroecología. A esto se suma el desfinanciamiento y el vaciamiento institucional del INTA, que compromete muchísimo su capacidad de hacer extensión y brindar asistencia técnica a pequeños productores. Con esto, las fincas familiares pierden apoyo técnico y se vuelven más vulnerables económicamente”, detalló a continuación.
Y concluyó: “Nuestro estudio expone la necesidad de inversión pública en políticas que apoyen la producción familiar. La producción familiar brinda beneficios colectivos, más allá de la renta que puede obtener el productor. Es necesario que se reconsidere el valor de la producción familiar, tanto como proveedora de alimentos como actriz clave en la conservación y la resiliencia de los agroecosistemas”.
Fotos: Sobre la Tierra