| Jabalíes en Tandil: alertan que el problema ya excede al campo y representa un riesgo sanitario |
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El avance del jabalí dejó de ser para Tandil una amenaza lejana. Su presencia en campos del distrito, su elevada capacidad reproductiva y los daños que puede provocar en cultivos, instalaciones y producciones porcinas mantienen en alerta a productores, especialistas y autoridades municipales.
El tema volvió a cobrar relevancia después de que un trabajo de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires advirtiera que esta “invasión biológica” genera pérdidas estimadas en 1.600 millones de dólares anuales en el país. El informe señala que los animales destruyen cultivos e infraestructura rural, transmiten enfermedades y continúan expandiéndose ante la falta de una estrategia coordinada entre las provincias.
En diálogo con Radio UP (89.1), el ingeniero agrónomo Matías Posse, director de Asuntos Agropecuarios del Municipio de Tandil, explicó que la problemática es abordada desde hace varios años por la Comisión de Lucha contra las Plagas Agrícolas, junto con productores, entidades rurales, la Universidad Nacional del Centro y el INTA. El cargo de Posse se encuentra registrado oficialmente dentro de la estructura municipal.
Cazar sin límite no resuelve todo el problema
Posse explicó que en la provincia de Buenos Aires el jabalí puede ser controlado mediante la modalidad denominada “caza plaguicida”. Esto permite abatir ejemplares sin un cupo máximo, aunque la actividad continúa sujeta a licencias, permisos y otras exigencias establecidas por la normativa bonaerense.
Sin embargo, para el funcionario, habilitar la caza constituye solamente una parte de la solución.
“Está autorizado cazar, pero está prohibido comercializar”, resumió. El principal obstáculo es que no existen frigoríficos habilitados para recibir, faenar y controlar sanitariamente los animales capturados.
En la práctica, un cazador puede quedarse con el ejemplar y consumirlo bajo su propia responsabilidad. Lo que no puede hacer es incorporarlo legalmente a un circuito comercial, elaborar chacinados para la venta o abastecer ferias, comercios y restaurantes.
“Cuando entramos en la comercialización empezamos a tener otro tipo de problemática. No hay una legislación que contemple toda la actividad y tampoco tenemos un frigorífico donde realizar la faena”, indicó Posse.
La falta de una cadena formal también impide garantizar la conservación de la carne, la realización de análisis y la trazabilidad del producto. El informe de la FAUBA advierte que, además de la triquinosis, los jabalíes pueden transmitir enfermedades al ganado porcino y representar un riesgo para las personas cuando su carne se procesa o consume sin controles.
Una especie con una enorme capacidad de reproducción
Desde la Comisión de Lucha contra las Plagas no se organizan actualmente operativos para salir a cazar jabalíes. El trabajo está orientado a recopilar información, conocer la distribución de los animales, comprender la dinámica de su población y evaluar qué herramientas podrían resultar más efectivas.
Posse destacó que se trata de una especie especialmente difícil de controlar por su velocidad de reproducción. Según explicó, una hembra puede tener dos pariciones por año, con camadas que pueden rondar los diez lechones.
“Su prolificidad es similar a la del chancho doméstico. La velocidad de multiplicación es tan grande que necesitamos entender esa dinámica para poder definir herramientas de control”, señaló.
El Municipio trabaja en la problemática desde aproximadamente 2020, articulando especialmente con la UNICEN. La participación de las facultades y de organismos técnicos resulta clave tanto para estimar la cantidad de ejemplares como para determinar los riesgos sanitarios y ambientales.
¿Qué hacer con los animales cazados?
Uno de los interrogantes centrales aparece después de abatir al animal. Además del destino de la carne, es necesario resolver qué hacer con las vísceras, el cuero y otros restos que pueden contener parásitos o agentes patógenos.
A diferencia del control de cotorras, que la comisión realiza desde hace años mediante procedimientos de caza menor, el jabalí requiere armas, operadores y medidas de seguridad propias de la caza mayor. También demanda un protocolo sanitario para manipular, transportar y disponer los restos.
“Empiezan a aparecer preguntas: si alguien quiere llevarse el animal o una media res, ¿dónde deja las vísceras?, ¿dónde deja el cuero? Es justamente en esos restos donde pueden encontrarse los problemas sanitarios de los que estamos hablando”, explicó Posse.
El funcionario recordó que representantes de Tandil participaron de encuentros con autoridades provinciales y de una reunión realizada en Olavarría, donde se analizó la habilitación de la caza y la posibilidad de conformar un comité de seguimiento.
Según relató, durante aquella reunión se consultó a funcionarios del área de Fauna qué proporción de la población debía eliminarse para lograr un impacto real. La respuesta fue que habría que controlar, como mínimo, alrededor del 50 por ciento de los animales presentes en el partido.
“Entonces aparece la pregunta concreta: ¿qué hacemos con la mitad de los jabalíes que están hoy en Tandil si llegamos a cazarlos?”, planteó.
Para Posse, la habilitación de la caza sin haber resuelto previamente el destino de los ejemplares fue una medida insuficiente y posiblemente apresurada.
“Había que definir qué íbamos a hacer con todos esos animales antes de habilitarla. Entiendo que están causando daños y que era necesario tomar medidas, pero hoy nos encontramos con que se puede cazar y no tenemos dónde realizar la faena”, afirmó.
Daños que van más allá de los cultivos
En Tandil, la preocupación no se limita a los lotes agrícolas. Los jabalíes pueden alimentarse en cultivos de maíz, romper silobolsas, dañar alambrados e instalaciones y afectar criaderos de cerdos.
También representan un riesgo en caminos rurales, donde la aparición repentina de animales puede provocar accidentes.
“Hay noticias que se conocen, como los daños en cultivos o silobolsas, pero también hay otras situaciones que muchas veces no llegan a difundirse: accidentes en caminos rurales o problemas en criaderos de cerdos, que para las características productivas de Tandil son muy importantes”, manifestó Posse.
Aunque en los últimos años también se registraron avistamientos de pumas en distintos sectores de la provincia, no existen elementos que permitan considerar que ese depredador pueda controlar por sí solo la expansión del jabalí.
“Se visualiza algún puma, pero se visualizan muchos más jabalíes”, graficó el funcionario.
Una respuesta que excede al Municipio
Posse remarcó que la autorización de la caza y la definición de políticas de manejo corresponden principalmente a la Provincia. El Municipio puede acompañar, generar información, reunir a los sectores involucrados y colaborar en la implementación de medidas, pero no cuenta por sí solo con los recursos ni las atribuciones necesarias para resolver el problema.
Por eso, la Comisión de Lucha contra las Plagas busca mantener una mesa amplia, con participación de productores, entidades rurales, la UNICEN, el INTA y organismos públicos.
La comisión continúa presidida por Remigio Iglesias y, según informó Posse, actualmente se encuentra en mejores condiciones económicas y operativas que el año pasado. Una parte de sus recursos proviene de un porcentaje de la tasa destinada al mantenimiento de los caminos rurales.
De todos modos, la magnitud que alcanzó la población de jabalíes excede ampliamente las posibilidades de intervención directa de la comisión.
“Algo hay que hacer. Estamos trabajando y tratando de encontrar la forma de abordar una especie cuya dinámica poblacional primero tenemos que entender para poder controlarla”, concluyó Posse.
La situación presenta una contradicción que todavía no fue resuelta: el jabalí puede cazarse como plaga, pero no existe una estructura formal para faenarlo, aprovechar su carne de manera segura y disponer de los restos. Mientras ese circuito no se complete y no haya una estrategia coordinada entre municipios, Provincia y Nación, la población continuará reproduciéndose y extendiendo sus daños sobre el territorio rural. |
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